La historia de Xander en Zúrich
Xander sabía exactamente lo que quería: trabajar como neurofisioterapeuta. En Suiza encontró el contenido, el reto y la libertad que buscaba, aunque el paso no siempre fue fácil.
De Bélgica a las montañas suizas
Xander (23) es de Londerzeel, cerca de Bruselas, y estudió en Lovaina. Supo muy pronto que quería trabajar como fisioterapeuta en neurología. Durante sus estudios eligió conscientemente prácticas en neurología y también trabajó en el centro de quemados del UZ Leuven. Sin embargo, en Bélgica se dio cuenta de que las posibilidades dentro del área neurológica no siempre coincidían con lo que estaba buscando. Allí los procesos de tratamiento suelen ser más cortos, los pacientes vuelven antes a casa y el acompañamiento es menos intensivo.
Por eso decidió dar el paso hacia Suiza.

No porque todo sea perfecto, sino porque está haciendo exactamente lo que quería hacer

Trabajar como fisioterapeuta en neurología en Suiza
Xander trabaja desde hace cinco meses en un centro de rehabilitación en Bad Zurzach, donde se centra por completo en pacientes neurológicos. Trata a personas con Parkinson, esclerosis múltiple y polineuropatía. Es exactamente el tipo de trabajo que quería hacer.
Lo que más le atrae es lo individual que es esta profesión. No existen tratamientos estandarizados, sino una verdadera atención a lo que necesita cada paciente. También nota diferencias con respecto a Bélgica. Allí el enfoque está más orientado a una forma de trabajar evidence based y hands off, mientras que en Suiza el tratamiento suele ser más hands on y la experiencia tiene un papel más importante. A Xander eso le parece interesante. Quiere descubrir qué es lo que mejor le encaja y mantiene una actitud abierta hacia distintas formas de trabajar.
No hay tratamientos estandarizados, sino una verdadera atención a lo que necesita cada paciente
Vivir en Brugg
Xander vive en Brugg, cerca de Aarau. Eligió ese lugar de forma muy consciente. No quería vivir en uno de los pequeños pueblos alrededor de Bad Zurzach, sino prefería estar en un lugar más céntrico. Desde Brugg tiene conexiones directas en tren a Aarau, Zúrich, Berna y Lucerna. Eso le permite llegar fácilmente a muchos sitios sin necesidad de coche.
No descarta comprar un coche más adelante, pero por ahora el transporte público le funciona bien. Quizá en algún momento también añada una bicicleta. Su trayecto al trabajo dura aproximadamente una hora. Eso puede resultar bastante cansado, pero para él el contenido del trabajo era más importante que la distancia. También se siente a gusto dentro de su equipo. Trabaja con compañeros suizos, alemanes y otro compañero belga. A veces también se ven fuera del trabajo. Cada mes hay un día de equipo y hacen algo juntos, por ejemplo cocinar. Cada uno tiene su turno. Xander preparó wraps.
Construir una vida social fuera del trabajo va avanzando un poco más despacio. Nota que los suizos no se abren tan rápido y, además, él mismo primero tuvo que encontrar su propio ritmo. Un trabajo nuevo, un país nuevo y un idioma nuevo requieren, naturalmente, mucha energía.

El idioma como mayor desafío
El idioma quizá fue el mayor desafío. Aunque ya había hecho unas prácticas en San Galo, al principio aun así necesitó tiempo para adaptarse. Como fisioterapeuta en neurología, una buena comunicación es esencial. Cuando los pacientes hablan en dialecto o cuando se habla en grupo, eso exige todavía más energía.
Ahora las cosas han mejorado mucho y entiende bien el dialecto de Argovia. Otros dialectos todavía pueden resultar difíciles a veces, pero la diferencia con los primeros meses es enorme. Esa primera etapa fue intensa, pero también pasó muy rápido.

Tiempo libre en Suiza
Fuera del trabajo, Xander ha encontrado su ritmo. Hace mucho deporte, sobre todo Brazilian jiu jitsu. Precisamente porque es tan diferente de su trabajo, para él es una excelente válvula de escape. Antes también practicaba kickboxing, pero tuvo que dejarlo por problemas de cadera.
Además, va regularmente a las termas de Bad Zurzach con compañeros. Una de sus experiencias más especiales hasta ahora fue un fin de semana con raquetas de nieve en los Grisones. Dos días caminando por nieve profunda, hasta los 2700 metros de altitud. Fue exigente, pero también muy especial. No fue barato, pero sin duda valió la pena.
Lo que echa de menos, y lo que recibe a cambio
Por supuesto, Xander echa de menos a su familia y a sus amigos. Y también a sus gatos. Su hermana ya ha ido a visitarlo y pronto también irá un buen amigo. Juntos quieren descubrir Zúrich, una ciudad en la que se sintió seguro desde el primer momento.
La vida en Suiza es diferente a la de Bélgica. Ahora trabaja 42 horas por semana en lugar de 38. Es más exigente, pero tomó esa decisión de forma consciente para adquirir mucha experiencia al principio. Más adelante quizá quiera reducir un poco sus horas, aunque eso no siempre es fácil de organizar dentro del ámbito de la neurología.
El apoyo de PhysioMatch
Gracias a PhysioMatch, Xander encontró su puesto en Suiza. Guarda un recuerdo positivo de ese proceso. Apreció especialmente el acompañamiento y la checklist con todo lo que tenía que organizar. Eso le dio una buena visión general de lo que debía hacerse y en qué momento, y siempre podía llamar si tenía preguntas.
Lo que todavía sigue en marcha es el reconocimiento de su diploma por parte de la Cruz Roja Suiza. Ya lleva cinco meses trabajando, pero todavía sigue esperando el reconocimiento oficial. Eso es frustrante, pero con su máster belga está seguro de que todo saldrá bien.
No es un paso perfecto, pero puede ser exactamente el paso correcto
Si hoy le preguntas si volvería a dar este paso, su respuesta es clara: sí. No porque todo sea perfecto, sino porque está haciendo exactamente lo que quería hacer, en un país en el que sigue desarrollándose y en el que puede disfrutar de la naturaleza en su tiempo libre.
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